Las nuevas metodologías de enseñanza: la incorporación del
aprendizaje por descubrimiento, el uso de nuevas tecnologías
multimedias, el docente como guía del alumno que aprende, etc. Todas
estas metodologías son mejores y superadoras de las clases magistrales
en donde el docente se para y “dicta” la clase. Una opción a la clase
dictada, es la clase dada por el docente director de orquesta (la
analogía es de Dominique Raulin), en donde hay una simulación tanto del
profesor como de los alumnos de que hay
una interacción constructiva entre ellos, y una real comprensión de lo
que se intenta enseñar. En esta variante, el docente arma las frases y
las deja sin terminar para que los alumnos las completen diciendo la
frase o palabra que falta. Este autor dice que hay que erradicar estos
modelos docentes y reemplazarlos por el modelo del “guardavidas” en el
cual el docente cumple un rol de mirador atento del aprendizaje casi
autónomo de los alumnos, y únicamente interviene para orientar, corregir
rumbos, y motivar.
Estas
nuevas técnicas son superadoras, no hay duda. Pero son superadoras
siempre y cuando se cumpla una condición esencial; que haya compromiso
por parte del docente. Agregaría como condiciones extras el que esté
capacitado, motivado, que tenga recursos, y un clima de aula sin
violencia o necesidades básicas insatisfechas. Pero para no complicar la
cosa, solo le pediremos compromiso. Igual es raro que un docente
comprometido con la enseñanza no se capacite y no esté tratando de
mejorar continuamente. No necesita la presión externa de la institución o
el estado para eso. Pero están los otros docentes, los que están
hastiados, en los que la docencia es solo un medio de subsistencia, o
que empezaron motivados pero dejaron de estarlo a fuerza de trabajar
mucho, corregir más, y lidiar con un sistema que no los ayuda en nada.
Ya sea por decisión o transformación, estos docentes desmotivados
buscan trabajar lo menos posible y pasar por el aula sin complicaciones.
En esos casos, las nuevas tecnologías y las nuevas metodologías de
enseñanza son nefastas.
La flexibilidad que dan al docente los
nuevos métodos didácticos, se transforma en libertad de acción en el
docente comprometido, y en magníficos argumentos para la vagancia en el
que no lo está.
Con los métodos tradicionales el docente tiene
que pararse y dar ciertos temas mínimos, los cuales son fácilmente
controlables. Pero esos requisitos mínimos se diluyen en los nuevos
métodos que apuntan a una formación más libre, más profunda, y más
significativa.
El control es necesario para el docente
desmotivado, el que está motivado no necesita control, él mismo es su
mejor control y alcanza con darle pautas, algunos criterios y objetivos
generales, y luego brindarle libertad y recursos.
Pero al otro, hay
que acotarlo en su posibilidad de “no hacer”, y ese acotamiento es más
fácil de hacer cuando las prácticas docentes son más esquemáticas y
tradicionales.