sábado, 10 de diciembre de 2016

Métodos de enseñanza

Las nuevas metodologías de enseñanza: la incorporación del aprendizaje por descubrimiento, el uso de nuevas tecnologías multimedias, el docente como guía del alumno que aprende, etc. Todas estas metodologías son mejores y superadoras de las clases magistrales en donde el docente se para y “dicta” la clase. Una opción a la clase dictada, es la clase dada por el docente director de orquesta (la analogía es de Dominique Raulin), en donde hay una simulación tanto del profesor como de los alumnos de que hay una interacción constructiva entre ellos, y una real comprensión de lo que se intenta enseñar. En esta variante, el docente arma las frases y las deja sin terminar para que los alumnos las completen diciendo la frase o palabra que falta. Este autor dice que hay que erradicar estos modelos docentes y reemplazarlos por el modelo del “guardavidas” en el cual el docente cumple un rol de mirador atento del aprendizaje casi autónomo de los alumnos, y únicamente interviene para orientar, corregir rumbos, y motivar.
Estas nuevas técnicas son superadoras, no hay duda. Pero son superadoras siempre y cuando se cumpla una condición esencial; que haya compromiso por parte del docente. Agregaría como condiciones extras el que esté capacitado, motivado, que tenga recursos, y un clima de aula sin violencia o necesidades básicas insatisfechas. Pero para no complicar la cosa, solo le pediremos compromiso. Igual es raro que un docente comprometido con la enseñanza no se capacite y no esté tratando de mejorar continuamente. No necesita la presión externa de la institución o el estado para eso. Pero están los otros docentes, los que están hastiados, en los que la docencia es solo un medio de subsistencia, o que empezaron motivados pero dejaron de estarlo a fuerza de trabajar mucho, corregir más, y lidiar con un sistema que no los ayuda en nada.
Ya sea por decisión o transformación, estos docentes desmotivados buscan trabajar lo menos posible y pasar por el aula sin complicaciones. En esos casos, las nuevas tecnologías y las nuevas metodologías de enseñanza son nefastas.
La flexibilidad que dan al docente los nuevos métodos didácticos, se transforma en libertad de acción en el docente comprometido, y en magníficos argumentos para la vagancia en el que no lo está.

Con los métodos tradicionales el docente tiene que pararse y dar ciertos temas mínimos, los cuales son fácilmente controlables. Pero esos requisitos mínimos se diluyen en los nuevos métodos que apuntan a una formación más libre, más profunda, y más significativa.
El control es necesario para el docente desmotivado, el que está motivado no necesita control, él mismo es su mejor control y alcanza con darle pautas, algunos criterios y objetivos generales, y luego brindarle libertad y recursos.
Pero al otro, hay que acotarlo en su posibilidad de “no hacer”, y ese acotamiento es más fácil de hacer cuando las prácticas docentes son más esquemáticas y tradicionales.

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